1. Madame de la Charrière (Belle von Zuylen) (1740-1805).

 Protestó contra la defensa que se hizo de Rousseau cuando éste murió. Ella no estaba de acuerdo con la continua quejumbre de Rousseau ni con sus teorías. Madame de la Charrière no creía en el determinismo de la naturaleza para explicar las diferencias entre varones y mujeres, sino en las desigualdades sociales y discriminaciones sociales durante largos períodos de tiempo.

Dice:

  "Nada hay en la constitución de un varón o de una mujer, que a priori determine sus habilidades".

  De modo que las diferencias son fabricadas por el mundo en el que vivimos. Si Rousseau pretende que las chicas permanezcan en la ignorancia, ella mantiene:

  Todas las habilidades del varón y de la mujer son las mismas, y si la habilidad racional del varón es más perfecta, es sólo como resultado de la educación y sólo de la educación.

  En su novela Three Women (1796) pone en boca de la protagonista que quiere "acabar de una vez por todas con los prejuicios acerca de las características específicas del sexo". Para conseguir esto, coge un chico y una chica gemelos y se propone educarlos exactamente igual: vestimenta igual y dar al chico nombre de chica y viceversa. Zuylen quería mostrar que el sexo no determina la identidad del individuo.

  Entendió la diferencia sexual que Rousseau asentaba en la naturaleza como una mera etiqueta, como algo artificial, como un proceso que está en continuo cambio. Zuylen escribió en una ocasión que para ser libre hay que sacudir las etiquetas. Para ella "lo que es propio de la mujer y lo que es propio del varón" no son más que el resultado de entrenamientos a los que somos sometidos desde el nacimiento, a base de colocarnos etiquetas que nos identifican como varones o como mujeres, empezando por el nombre.

2. Mary Wollstonecraft (1759-1797).

  Ataca a Rousseau desde posturas roussonianas. Confiesa que siempre había estado un poco enamorada del filósofo y que, por tanto, siente un gran fraude cuando lee el Emilio o De la educación. Esta obra le parece insultante para las mujeres, debido a que el Emilio había de ser educado en la libertad y en el estímulo de su curiosidad natural, mientras que Sofía debía ser educada en la sujeción y en la obediencia. Wollstonecraft, en sintonía con el pensamiento ilustrado, consideraba la educación una herramienta poderosa para la mejora de la sociedad y ésta debe ser tanto para varones como para mujeres.

  Su primera obra lleva por título Pensamientos sobre la educación de las hijas. En ella empieza a desarrollar ideas que serán clave para su obra posterior, Vindicación de los derechos de la mujer, donde critica a Rousseau, especialmente la educación de las mujeres en "modales" más que en virtud, en la apariencia más que en la bondad en si. Rousseau había dicho que la dependencia de la opinión es la tumba de la virtud de los varones, pero es el trono para las mujeres; es decir, los varones deben juzgar por sí mismos, mientras que las mujeres deben juzgar por lo que otros juzgan.

  Wollstonecraft crítica la "mala fe" de Rousseau, pues primero éste dice cómo deben ser cada uno de los dos sexos y luego dice que son así por naturaleza. Se dice cómo debe ser la mujer, se la educa para que sea así y luego se dice que se la educa así porque es así. Se construye el estereotipo, se fabrican copias mediante educación, opinión y leyes y, para finalizar, se dice que la copia es el estereotipo. Así, la Sofía de Rousseau no existe más que en la imaginación de Rousseau, nos dice Wollstonecraft. Las mujeres no se comportan como Rousseau nos dice. Los varones se comportan con las mujeres como la aristocracia con el pueblo: manteniéndolas en la ignorancia. Siguiendo en la línea de Poulain, Wollstonecraft sostiene que la razón tiene que aplicarse en la crítica social, en la lucha contra los prejuicios que enturbian la justicia.

  La obra Vindicación...tuvo muy buena acogida en toda Europa y Estados Unidos. Pronto fue traducida a cinco idiomas diferentes. Pero unos años más tarde su figura cayó en desgracia; su autora fue objeto de insultos ("hiena con faldas" la llegaron a llamar) a lo largo del siglo XIX (siglo fuertemente misógino). Sin embargo, Flora Tristán se entusiasmó con la obra y lamentó las calumnias que tuvo que sufrir la autora. A ella misma le costó mucho trabajo encontrar el citado libro, dado que " no se difunde-explica porque todo el mundo dice que es muy malo"